Ellos se conocieron, como jóvenes
intelectuales al fin, en un diplomado de literatura. No se habían
visto nunca, pero un amigo en común los presentó.
Se miraron y nada pasó esa primera
vez. No hubo fuegos artificiales, ni ruidos extraños en el estómago,
los cuales según la abuela indican que hay amor. La primera clase y
nada.

