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jueves, 7 de marzo de 2013

Chávez vive


La noticia de tu muerte la conocí en medio de una entrevista que hacía. La gravedad de tu salud no me era ajena, pero no imaginaba que te irías tan rápido. Nadie lo pensó. Nadie lo quería. El permiso no se te había concedido. Aún te necesitábamos.
Hoy miles y miles de mensajes lo demuestran: Chávez, no te queremos muerto, te queremos vivo. Vivirás siempre en nuestros corazones. Aclaman todos al unísono.
Al principio no sabía qué hacer, qué decir, qué escribir. Esta es la cobertura periodística que nadie quiere cubrir. Los sentimientos,las lágrimas, el desconcierto no se pueden describir; el español no te da la sherramientas necesarias para hablar de ellos.
Tu muerte parece mentira. Es mentira. Ya no te lloro, más bien extraño tus cantos, tus palabras, tus ideas... te extraño, pero sé que vives.

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿Realmente ha muerto Chávez?

5 de marzo del 2013. Son las 4 y 25 de la tarde y un hombre ha muerto. Nunca he sabido decir algo cuando esto sucede. De mi boca no brota la frase “mi más sentido pésame”. Me suena frío, distante, lejano de lo que se debe mostrar en ese momento. Pero se ha muerto un hombre único, especial. Ha muerto Chávez, y yo debo decir algo; siento que debo decir algo.
Escribir sobre esto no te lo enseñan en la escuela; es que no te preparan para desnudar el alma cuando sufre y solo quiere estar a solas, y aún así decir lo justo. Una crónica de su muerte me es imposible, las palabras son pocas para describir a tan gran hombre como fue Hugo Rafael Chávez Frías.
Me duele saber que sus padres aún están ahí y le vieron partir. ¡Eso no es justo! Sus hijos siguen ahí, en la misma casa, con la misma gente, pero sin su padre. ¡Eso no es justo! Venezuela sigue ahí, pero sin su presidente. ¡Eso tampoco es justo!
Chávez, fue un hombre de toda la América, un padre de todos, un hijo, un defensor, un revolucionario... un hombre diferente. Ha muerto. Dicen. No sé, creo que aún vive.¿Realmente ha muerto Chávez? Me pregunto. Y nadie me responde lo que quiero oir.
Prefiero creer que aún vive. Solo sé que no está físicamente y me hizo llorar otra vez, a mí y al mundo. Pero todos esperan que, cómo dicen, quien muere por la vida no está realmente muerto.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Chávez me hizo llorar

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Desde que el locutor anunció el enlace a Venezuela, el pasado sábado en la noche, me imaginaba lo que sucedería. Sus ojos lo confirmaban, sus compañeros de mil batallas, sin percatarse, lo anunciaban: otra vez el cáncer invadía la vida de un hombre singular.
Sus palabras sonaban a esperanza, con cierta dosis de tristeza, pero eso sí, alentadoras y dirigidas para ese mar de pueblo que le sigue.
Chávez no mostraba su dolor, más bien cantaba, sonreía, arengaba a la unidad, mostraba el camino a seguir si él no sobrevivía. Pero lo hizo. Ya fue operado y hasta ahora todo está bien. Se recupera poco a poco y su gente desde las calles, desde su casa, desde Cuba, desde el mundo, detrás de la computadora, del celular, hasta en el pensamiento lo cuidan y piden por su salud.
Chávez me hizo llorar aquella noche, no solo por la nefasta noticia, sino también por ser tan único, tan tenaz, tan fuerte ante una enfermedad que doblega a cualquier hombre, menos a él.