¿Me levanto? ¿Voy al trabajo? ¿Qué como? ¿Qué me pongo? ¿Te saludo o te vuelvo a ignorar? ¿Hago señas a cualquier carro o me adentro en la interminable espera de la guagua?
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miércoles, 2 de julio de 2014
viernes, 17 de mayo de 2013
Temor a lo diverso
Ellas se conocieron hace tiempo cuando estudiaban. eran mejores amigas; se contaban todo, hasta cada secreto morboso que les rondaba por la cabeza. Se cuidaban una a la otra. Dormían juntas. Comían juntas. Se conocían todo o casi todo, una de la otra.
lunes, 13 de mayo de 2013
Mi MA

Ella es única, es especial. Nos damos dolores de cabeza mutuamente, pero como es mi MA nos queremos igual. Aún recuerdo la
primera vez que la vi. No era muy linda. Sudaba, gritaba y su rostro estaba todo arrugado. Yo tampoco mostraba la mejor de mis imágenes.
Según me contaron ese día estaba sucia, lloraba mucho, mi cuerpo estaba arrugado y para colmo llegué desnuda.
Pero aún así recuerdo que me dijo que era linda. Me acarició, me besó y hasta me dio de comer. Y en medio de las lágrimas sonreía
por verme. Me tocaba por todas partes, como quien verifica que nada
falte y me abrazaba.
Luego crecí y esa manía de revisarme para ver si estoy completa no la ha perdido. Y es que mi madre es así, puede estar agotada y sonreírme como el primer día que me vio. Puede superar barreras inimaginables solo para complacerme o evitar mi sufrimiento.
Es química porque ninguna mancha o casa rara que tenga mi ropa
supera la prueba de fuego de su lavado. Es mecánica porque todo lo
que se rompa, en sus manos tiene solución. Es chef porque si la
comida no me gusta ella la reelabora, con los mismos ingredientes, y
me gusta.
Es pintora, cantante, actriz…. es de todo lo que hay en este mundo un poco si a mí me hace falta. Y es que como dice ella yo soy su niña y mejor obra. Pero lo que no le he dicho es que ella es mi mejor MA: madre amiga del mundo.
lunes, 25 de febrero de 2013
Alexa
Así se llama mi nueva sobrina. No
tenemos el mismo ADN, ni compartimos el mismo tipo de sangre, ni
color de piel ni nada que diga que somos familias de sangre, pero,
desde antes de su nacimiento, ya lo éramos.
Su mamá es como una hermana para mí.
Es de esas amigas que llegan, te invaden la casa, tus cosas, pero le
coges cariño del bueno y fuerte que dura mucho. Entonces cómo no
voy a querer a su niña, me mataban de antemano. Por eso cuando fui a
conocerla ya mi corazón estaba abierto para ella, para esa bebé con
apenas unos 45 días de nacida que ya le robó el corazón a medio
Vertientes, Camagüey, Habana… a medio Cuba.
Llegué sin el polvo del camino porque
en un viaje en Yutong de madrugada y con el frío más fuerte del mes
dudo mucho que esa partícula se adhiriera a mí. Gracias al trabajo
pude sobrepasar los más de 500 kilómetros que la circunstancias, la
necesidad de avanzar y una de las frases más certeras que escuchado:
La Habana es La Habana y lo demás es área verde, han querido
interponer entre nosotras. Por suerte vivimos en pleno siglo XXI y
las distancias se acortan, aunque todavía mellan en el alma.
Llegué. ¡Que suerte la mía! Fue
amor a primera vista. Ella se hacía la dormida y cuando sintió los
besos y abrazos de mi llegada anunció que ya no dormía. Me le
arrimé y me miró. Se quedó callada observándome muy atenta. Me le
acerqué aún más y me permitió tocarla. Fue de película, un
flechazo único. Más tarde éramos una sola. Si se sentía mal y yo
la cargaba se tranquilizaba. Si tenía sueño se dormía en mis
brazos. Según Delis, su mamá, ya yo era la Nana oficial y la
tranquilizadora de bebés número uno.
Alexa supo revolver sentimientos que
desconocía, que vivían en lo profundo de mi alma y no había
sentido. Fue algo único, especial, a lo mejor es lo que muchos
llaman maternal, no lo sé, solo sentí su fortaleza.
Tuve que regresar a casa, los viajes
duran menos de lo esperado y el deber llama. ¿Quién sabe cuándo
volveré a ver a mi sobrina Alexa?
lunes, 21 de enero de 2013
Razones necesarias
Una decidió caer. Luego, otras la siguieron. Se preguntaban el porqué de dejar atrás todo para unirse en aquel lugar tan desagradable, tan seco... tan falta de vida. Una a una las gotas caían y llenaban así un viejo lago de aquel pueblo perdido en las montañas. Ellas, en su egoísmo avalado por la irrevatible importancia del agua, ignoraron a aquella niña que le había pedido a la primera gota de agua que invitara a sus amigas a conocer aquel hueco hoy, lago ayer, que tanto esplendor trajo a su vida una vez.
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